Psicología decolonial y construcción de Paz: desafíos y resistencias en el contexto colombiano
En Colombia, un conflicto armado con principio difícil de precisar y una historia de exclusión sistemática que ha dejado por fuera a muchas comunidades de la historia oficial, hacen de la construcción de paz una labor compleja. No son sólo las dificultades propias de cesar la guerra: la negociación con los grupos armados, el desarme, o la reincorporación. A ello se suma la necesidad de desmantelar una cultura de herencia colonial que ha hecho de la violencia identidad y regla, y que ha intentado encarnar la teoría de la supervivencia del más fuerte.
Desde la colonización de América, la imposición de una visión de mundo, civilización y desarrollo por parte de los colonizadores, ha dejado profundas cicatrices en el tejido social colombiano y latinoamericano. Los pueblos indígenas fueron oprimidos y sus cosmovisiones relegadas, mientras los cuerpos esclavizados desde África fueron despojados de su historia y su sabiduría ancestral. Sin embargo, los resultados hablan por sí mismos: a pesar de la destrucción que no puede ser desecha, las comunidades indígenas, afro, mestizas y campesinas se resisten al olvido y la exclusión, mostrando una inquebrantable capacidad de resiliencia y resistencia.
Pero esto no ocurre envuelto en las mismas dinámicas de violencia o competencia, donde se busca imponer una visión de mundo o poder sobre otras, sino desde lo cotidiano, donde el primer territorio a descolonizar es el cuerpo, y con él, los ojos con que vemos al mundo:
Las resistencias ancestrales y populares en el contexto colombiano portan ecos de otros espacios y tiempos y disputan sentidos a partir de la definición de un lugar en la historia desde revoluciones y contrapoderes cotidianos construidos en los escenarios más cercanos y en vínculos familiares, vecinales y comunales (Botero, 2015, p.79)
La psicología decolonial emerge entonces como una herramienta fundamental en los procesos de construcción de paz. La interdependencia entre lo social, lo natural, lo afectivo, lo ético y lo estético desafía las fronteras disciplinarias impuestas por la ciencia occidental. La psicología decolonial busca reconocer y fortalecer la capacidad colectiva de producir nuevas realidades que se contrapongan al orden establecido en pro del buen vivir.

Por ello, en la Fundación LATIR se le ha apostado a la construcción de una paz coherente, donde más allá de respaldar los acuerdos entre aquellas partes que ostentan más poder, se ha decidido trabajar desde la subjetividad individual y colectiva para que las personas seamos portadoras de un mensaje diferente, con diversidad de voces y consciente de sí, haciendo posible una transformación radical, es decir, desde la raíz.
Lo anterior cobra especial relevancia al hacer evidente que la política ha sido militarizada históricamente, favoreciendo que se perpetúen las prácticas coloniales que hoy en día siguen profundizando relaciones de exclusión y desigualdad basadas en el miedo.
La producción del miedo, del trauma, son parte estratégica de la guerra; la militarización de la vida cotidiana saca a la gente de su territorio produciendo miedo y zozobra. La fragmentación de las comunidades, la desvinculación de sus lugares y de sus comunidades de referencia, hace parte de la estrategia de la guerra (Botero, 2015, p.80-81)

Es por ello que una educación para la paz no puede dejar de lado el componente socioemocional. Es necesario educar los afectos, no desde la homogeneización o el cultivo de un nacionalismo o militarismo tóxico -como se ha venido haciendo hasta ahora-, sino desde un fortalecimiento psicológico que fomente la conciencia y nos permita reapropiarnos de nuestros sentires. Esto implica conocer nuestras emociones, saber cómo gestionarlas y decidir qué hacer con ellas en plena conciencia de nuestra interdependencia y la responsabilidad por sus resultados, saliendo de lógicas binarias de amigo y enemigo que cultivan el odio, y rompiendo así los ciclos de violencia.
Con todo ello, en el trabajo de la Fundación LATIR se ha podido comprobar que cada comunidad y cada ser trae consigo una existencia que reta a la disciplina misma de la psicología. Principalmente, porque demuestra la inabarcabilidad de conocer o explicar lo humano, más aún desde una experiencia colectiva donde se reconozca la interdependencia y no se separen los mundos sociales, naturales, afectivos, éticos y estéticos que la ciencia ha procurado separar, como lo ha señalado Botero (2015). Para Latir esto ha significado acompañar a las comunidades rurales de manera que las herramientas de construcción de paz que proponemos, trasciendan los muros de la escuela para hacer eco en otras dimensiones de sus vidas. Sabemos que, al final, ellos y ellas saben más de sí mismos y sus necesidades, que nosotros. En este sentido, cada persona que acompañamos es nuestra aliada experta para descubrir cómo dichas herramientas son útiles y se pueden adaptar de manera armónica con su contexto específico.
Es por ello que el abordaje psicológico que ha de realizarse para construir una paz coherente -que no replique la violencia de imponer verdades o visiones de desarrollo ajenas-, debe partir por procurar un abordaje crítico – autocrítico- e integral, donde no se trate de convencer a un grupo de una moral impuesta, ni de un objetivo foráneo que deben alcanzar. En su lugar, una psicología social decolonial le apuesta a reconocer y fortalecer la capacidad colectiva de producir nuevas realidades capaces de contraponerse al orden existente:
Son tareas para una psicología decolonial desentrañar contrapoderes, identificar métodos invisibles en el control político, desenmascarar los procesos de encubrimiento, manipulación y lenguaje ambiguo, desnaturalizar y movilizar indignaciones hacia acciones por lo colectivo, cruzando fronteras culturales, políticas y disciplinares, límites estos considerados como “fronteras civilizacionales” (Botero, 2015, p.84-85)
Todo ello permite la ampliación de horizontes desde actos contundentes de los sujetos en sus territorios gracias a su capacidad de participar activamente en la identificación de las problemáticas presentes y la construcción de nuevas prácticas y significados. Esto implica cultivar sentimientos, razones y relaciones que permitan un actuar coherente y sostenible que responda a la naturaleza humana, en correspondencia con otras formas de vida y con la tierra.
En términos prácticos, para LATIR esto significa un esfuerzo activo por entablar diálogos horizontales con las comunidades, donde si bien es claro que la organización tiene unas propuestas propias para llevar al territorio, unos saberes académicos y una apuesta por la transformación, son las comunidades quienes filtran y nutran el en qué y el cómo necesitan ser acompañadas. Se trata de movilizar acciones respondientes a necesidades preexistentes, con un sentido compartido con la comunidad, dando la oportunidad de colectivizar experiencias, sentires y saberes que nutren la solidaridad, la reciprocidad, el vínculo y la identidad comunal.
Como profesionales y acompañantes desde un enfoque decolonial, es nuestra responsabilidad reconocer nuestras propias creencias, privilegios y juicios, nuestra propia percepción de las necesidades de las comunidades, e integrar la consciencia y deconstrucción como prácticas cotidianas que nos permitan “no dejar a nadie atrás” (Collado, Segovia & Silva, 2021, p.14). Esto facilitará que encontremos el gran valor y vigencia de los saberes ancestrales, diversos y sociales que resguardan los pueblos, “ampliando el mundo desde horizontes del buen vivir* que nos permiten trascender el cosmopolitismo estrecho impuesto sobre nosotros” (Botero, 2015, p.75). Tal como lo afirma Lebretón (2007), estamos afectivamente en el mundo, y la existencia no es otra cosa que sentimientos entretejidos que configuran las experiencias de lo que somos y de lo que hacemos.


*El buen vivir propone una mirada del desarrollo cuyo centro es el ser humano como parte de un entorno natural y social. Más allá de la riqueza, productividad, individualismo, explotación y competitividad (elementos centrales de la perspectiva de desarrollo capitalista), desde esta perspectiva comunitaria se busca conseguir una calidad de vida y muerte digna, amar y ser amado, florecer saludables, en paz y en armonía con la naturaleza, favoreciendo la prolongación indefinida de las culturas humanas.
Recursos Bibliográficos
Botero Gómez, P. (2015). Subjetividades colectivas y prácticas de paz en contextos de guerra. Una perspectiva desde la psicología política decolonial. PROSPECTIVA. Revista de Trabajo Social e intervención social, 20, 71-90. Universidad del Valle, Bogotá, Colombia.
Collado, J., Segovia, J., & Silva, D. (2021). Educación, pobreza y género: Análisis intercultural y decolonial en la región andina. En Teorías, Métodos, Investigación Educativa. Cad. Pesqui., 51, e07248. São Paulo, Brasil.
Le Breton, D. (2007). El sabor del mundo. Una antropología de los sentidos. Buenos Aires, Argentina: Nueva Visión.
Autoras
- Laura Navarro: Psicóloga y politóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en construcción de paz y género.
- Natalia Peláez: Mujer apasionada por la educación para la paz, poniendo al servicio sus saberes y experiencias de psicología y administración de negocios, en la organización que creó: Fundación LATIR.